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miércoles, 26 de marzo de 2008

Uno de los mejores retratos de la sociedad española.

Principios de los años treinta, dos picoletos rurales detienen, cagando, a un joven desertor del ejército que dice ser republicano, pero porta una biblia en la maleta y tiene pensado devolver el uniforme porque cree que es lo correcto.

Al poco, el guardia civil mayor, suegro del joven, reflexiona sobre la situación política que atraviesa España, los cambios que parecen venir y deja libre al detenido. El yerno lo encañona invocando las ordenanzas del benemérito cuerpo. El viejo suegro le dice que no tiene cojones a disparar al abuelo de sus hijos y acto seguido cae fulminado por un tiro de su yerno que se vuelve tarumba y se suicida mientras llora pensando en cómo va a explicarle el asunto a su mujer…

El perplejo joven pone pies en polvorosa y acaba en un pequeño burdel donde, tras pagar dos duros, acaba en una mesa en la que varios paisanos, entre ellos el alguacil y el párroco seguidor de Unamuno, juegan una timba de cartas. Un beato meapilas interrumpe la partida y el cura se va cuando gana…

"No, si va a resultar que hay Dios. Y cuando va ganando el cura le manda un viático para que se esfume con las ganancias..." Dice Don Manolo

Es uno de los mejores retratos de la sociedad española que jamás haya visto o leído.
Son lo primeros minutos de Belle Epoque (Fernando Trueba, 1992) y el guión es de Don Rafael Azcona.

Ayer falleció este genio.DEP

domingo, 9 de diciembre de 2007

Después de ver en el cine Gattaca tuve una sensación que hoy recuerdo difusamente como de alerta. Poco se hablaba, y menos sabíamos, de los usos que el conocimiento sobre nuestra genética podría crear. Años después, ver esta película confirma aquella idea, la sitúa en el mismo territorio que ocuparon Un mundo Feliz o 1984 en sus momentos.
Pero hoy prefiero escribir sobre algo menos profundo, o quizá no. Sobre sillas, mis amadas sillas y sillones. Sobre las sillas de Gattaca y de cómo el diseño, el bueno, es atemporal.

Las creadores de Gattaca tenían un reto interesante, crear una estética de ese futuro eugenésico, acorde con las normas sociales que delimitan la sociedad genética de la película. Y allí aparecen las sillas de Mies van der Rohe, unas sillas diseñadas en 1929 como mobiliario del pabellón alemán en la exposición universal de Barcelona. Hay otros objetos, como sillas de tubo de acero, pero quedémonos con el almohadillado de esa silla y su anexo reposapies.
Fukasawa cree que el diseño no puede ser innovador y eterno a la vez, por pura contradicción terminológica, que el buen diseño es el sencillo, el que se adapta a la vida naturalmente y no cansa. Lo rompedor, en diseño, no nace para perdurar. Es por eso que a mí me gustaría haber charlado con los abuelos que presenciaron aquella muestra de Barcelona y me contaran que impresión causó en ellos aquel mobiliario. Encontrar qué es lo que hace que la silla Barcelona haya servido para que Alfonso XIII se sentase en el primer tercio del siglo XX, para que ilustre un mundo futuro en Gattaca y para que siga en los escaparates de las mueblerías en los comienzos del siglo XXI.